Más bien, la Asociación Barataria nace con una vocación heterodoxa y ecléctica, y tal vez el objetivo último de la misma, no sea otro sino el de descubrir posibilidades y caminos entre personas con inquietudes, sean éstas definidas o no tanto, pertenezcan más a la elucubración que a lo manifiestamente preconcebido. Es pues, una asociación de individuos con deseos de salir de ámbitos encorsetados, de descalcificar las arterias del alma y luchar contra la esclerosis creativa: gentes con deseos de vivir esos momentos absolutamente inútiles sin los cuales la vida probablemente no tendría ninguna utilidad. Gentes tan extrañas y raras como la inmensa mayoría de extraños seres que conforman la gente, y que necesitan relacionarse con los demás a un otro distinto nivel para no sentirse solas.
Una asociación que da carácter de urgencia a beber un café tranquilamente tomando el sol y que declara como bien de utilidad pública el alocado jugueteo de los mirlos sobre el tejado.
Una asociación que volitivamente se manifiesta hedonista y contemplativa, lúdica y sentimental, especulativa y no dogmática, irónica y surreal, abierta y expuesta, comprometida pero sin gritar, novelera, trolera, teatrera, cuentista y escapista, soñadora radical, francotiradora emocional y utópica hasta recalcitrar, ecológica si me la tarareas, marsupiales vocacionales del corazón y medio pensionistas en lo del destino, condescendientes con el pecador e inflexibles con el triunfador, acojonados con el índice Nikei y escojonados con lo de Gallardón, efervescentes y maledicentes como comprobarán, preferimos a Clio, Thalía, Baco, Morfeo o Eros que a Tánathos, Zeus o Poseidón; no nos busques bajo palio en procesión, sino a la vera del río que da más frescor.
Con todo lo dicho, pues, es probable que hayamos dejado más flecos que cosido y manga por hombro la explicación para no pocos, lo cual no es óbice para que la Asociación Barataria suelte amarras en pos de una singladura harto incierta, en ese piélago de indeterminables entes que acechan en un ignoto mar lleno de monstruosos avatares y tribulaciones, si bien no hay mayor bicho que el inmutable e intocable dosmásdoscuatro, que hace de mentiras palpables el pan de cada día. Pero para ello la tripulación de esta asociación otea el horizonte y hace caso omiso de cantos de sirena, ojo avizor al amor, la inspiración y demás sinónimos, para distinguir, como decía el doble maestro de escuela y vida, "de entre todas las voces, una". No hay más energía renovable que esa. Y, en fin, éste es el ideario de la Asociación Barataria a la que tú, querida y querido bicho raro, eres bienvenido/a.
Aunque es tiempo de promesas, no te vamos a prometer plantar medio millón de árboles durante todas y cada una de las sobremesas de la próxima legislatura (¿Por qué desearte este mal?), ni te vamos a devolver x euros en tu declaración si nos mandas tres etiquetas de Zeta-Petas, según vocean los mercachifles de la ofertopolítica actual. En realidad, no te vamos a prometer nada. Solamente nos gustaría poder llegar a editar con vosotros la vigésimo primera edición de la Asociación Barataria.
Ahora: que a tiempo estamos de quedarnos en nuestra casa, disfrutando de la agradable e instructiva programación televisiva, tipo Jara y Sedal, o de completar el último coleccionable de "Mesas camilla de nuestros abuelos, tapete gratis con el primer fascículo".
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